viernes, 26 de junio de 2009

EL CELIBATO Y JUAN PABLO II




"Para favorecer esta tendencia de los sacerdotes a la perfección espiritual de la que depende sobre todo la eficacia de su ministerio, he decidido que se celebre un especial Año Sacerdotal del 19 de junio de 2009 -Sagrado Corazón de Jesús y Jornada para la santificación sacerdotal- al 19 de junio de 2010”. Este año “se conmemora el 150 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, Juan María Vianney, verdadero ejemplo de pastor al servicio del rebaño de Cristo”.
S.S. Benedicto XVI, 16 de marzo de 2009.

Juan Pablo II y el Celibato

En el evangelio Cristo no vaciló en pedir a quienes escogía como apóstoles que dejaran todo para seguirlo. Dejarlo todo significa también renunciar a formarse una propia familia. Jesús, mejor que nadie, sabía que esa renuncia requiere mucha generosidad porque supone el don total de sí mismo. Al ser Señor absoluto de la vida humana, Él invitó a sus apóstoles a comprometerse en ese don porque veía toda su fecundidad.

Juan Pablo II, ÁNGELUS. Domingo 19 de agosto de 1990

Es particularmente importante que el sacerdote comprenda la motivación teológica de la ley eclesiástica sobre el celibato. En cuanto ley, ella expresa la voluntad de la Iglesia, antes aún que la voluntad que el sujeto manifiesta con su disponibilidad. Pero esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivación última en la relación que el celibato tiene con la ordenación sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia, como Esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo, Cabeza y Esposo, la ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de sí mismo en y con Cristo a su Iglesia y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor.

Juan Pablo II Exhortación Apostólica sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual, Pastores dabo vobis, 1992