viernes, 26 de febrero de 2010

LIMOSNA, ORACIÓN Y AYUNO

LIMOSNA, ORACIÓN Y AYUNO
Por Mons. De la Rosa y Carpio
La limosna, la oración y el ayuno son tres prácticas fundamentales de la vida cristiana,  tratadas por Jesús en el capítulo sexto del Evangelio según San Mateo. En este texto el Maestro afirma: “Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contario no tendrán recompensa de su Padre Celestial” (Mateo, 6, 1).
Han de ser tres prácticas normales de todo el año cristiano, pero en los cuarenta días de la cuaresma se pone un acento especial en ellas por ser medios  importantes para la conversión de pecados o la renovación interior o el crecimiento en una vida santa.
 Es bueno recordar que el ejercicio cuaresmal se remota a los inicios mismos del cristianismo, al tiempo de los apóstoles; su organización tal y como lo tenemos hoy data ya desde el lejano siglo IV (años 300 después de Cristo).
Ahora quiero recordar algunos de nuestros textos antiguos sobre cuaresma, que tratan específicamente acerca de la limosna, la oración y el ayuno. Son ellos de un Sermón de San León Magno, Papa durante los años 440-461, y de una Homilía atribuida a San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla, hacia el año 390.
1.       El ayuno
 “Por tanto, amados hermanos, lo que  cada cristiano ha de hacer en todo tiempo ahora debemos hacerlo con más intensidad y entrega, para que así la institución apostólica  de esta cuarentena de días logre su objetivo mediante nuestro ayuno, el cual ha de consistir  mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos” (San León Magno, Papa).

2.       La limosna
 “Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso  que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios  y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz.

Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición” (San León Magno, Papa).

3.       La oración
“La oración es la luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora  entre Dios  y los hombres.
La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo. Me refiero, en efecto,  a aquella oración que no consiste en palabras, sino más  bien en el deseo de Dios, en una  piedad inefable, que no procede de los hombres, sino de la gracia divina, acerca de la cual dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden  ser expresados en palabras” (Homilía atribuida a San Juan Crisóstomo, Obispo). 

+ Ramón Benito de la Rosa y Carpio
Arzobispo Metropolitano de Santiago