El ser humano por naturaleza es un ser asombrado, se cuestiona en base a su existencia corporal y espiritual en el universo. Se interroga a partir de su entorno en comparación consigo mismo, por ejemplo: ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo? ¿Qué hago en este mundo? ¿Quién me trajo hasta aquí? Entre un sinnúmero de incógnitas que a lo largo de su existencia se componen y se conceptualizan en su pensamiento, las cuales suelen encontrar respuesta en base a “la fe y la razón”, vías del conocimiento.
El caso está en cuál de las dos vías está la verdad. ¿Cuál debo tomar a lo hora de buscar la respuesta? ¿Debo confiar en la fe o en la razón?
En ese orden, a lo largo de la historia, algunos han opinado que el mundo debe caminar por la fe y no por la razón, otros en cambio que lo que prima es la razón y no la fe. Y me pregunto: ¿en la actualidad se actúa por fe o por razón? Es decir: ¿Cuál de las dos vías es la que prima y cuál es la más importante al momento de buscar la respuesta al asombro?
Ante esto argumenta el Papa Juan Pablo II, en la Carta Encíclica Fides et Ratio (1998; p. 3, 30 y 33): “La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.
La razón y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a sí mismo, al mundo y a Dios.
En definitiva, el hombre con la razón alcanza la verdad, porque iluminado por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa y, en particular, de la propia existencia”.
Estando de acuerdo con esta tesis, digo que no podemos colocarla por separado o sería como querer hacer volar un ave con una sola ala, un hombre o una mujer caminar derecho con un solo pie, lo que es totalmente imposible.
En otras palabras, ambas se relacionan, no existe una más y otra menos, sino que la unidad de las dos forja el equilibrio humano.
Lic. Edwin Polanco Blanco (arzobisprensa@hotmail.com)
El autor es: Lic. En Filosofía y Director Ejecutivo de Prensa del Arzobispado de Santiago.