martes, 31 de agosto de 2010

La Amistad Con Jesús

 La amistad con Jesús
S. E. Mons. Antonio Camilo González 

Todos de un modo u otro hemos tenido amigos en la vida, ya que, la amistad es un valor entre los humanos y uno de los dones más alto de Dios. Esta es una experiencia humana hermosa, humanizante y enriquecedora; y es tanto así que el mismo Dios se presenta desde el inicio como amigo de los hombres: ahí está su amistad con Abrahán (Gn. 18,17), con Moisés (Ex 33,11), con los profetas (Amós 3,7) y su máxima amistad es el enviarnos a su propio Hijo, que también nos ofrece su rica y noble cercanía porque nos ha dado a conocer lo que ha oído a su Padre (Jn 15,15).

La amistad es tan importante y significativa que ya Sócrates, el filósofo griego, decía que “Prefería a un amigo a todos los tesoros del rey Darío”; el poeta latino Horacio sostenía que “Un amigo es la mitad de mi alma”; y casi de la misma manera el gran Cicerón se atreve a decir “Si quitáramos la amistad de la vida sería lo mismo que quitar el sol del mundo”; pero más cercano a nosotros San Agustín afirmaba que “Lo único que nos puede consolar en esta sociedad humana llena de trabajos y errores, es la fe no fingida y el amor que se profesan los verdaderos amigos”.

Pero debemos saber que siendo la amistad tan importante y maravillosa, ésta es a la vez, algo difícil, rara y delicada; difícil porque no es fácil encontrarla, rara porque no abunda y delicada porque es necesario cierto ambiente para nacer, especiales cuidados para ser cultivada y atenciones especiales para que crezca.

El famoso escritor español Martín Descalzo nos afirma que la amistad está sostenida por 6 pilares que son: 1.-respetar y aceptar al amigo tal como es, 2.-ser franco y confiado con el amigo; 3.- la generosidad como don de sí; 4.-aceptar los fallos; 5.- la alegría y el cultivo para que ésta sea fecunda y 6.-la apertura del corazón.

En las Sagradas Escrituras son muchos los pasajes que nos hablan de la amistad; por ejemplo, el Eclesiástico describe la amistad como un “gran tesoro” porque “un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable”.

La amistad encuentra su punto culminante en Jesucristo, quien sorprendió al mundo pagano, al romper la distinción entre amigos y enemigos y postular la fraternidad de espíritu, basada en que todos somos hijos de Dios “en esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Jn 13,35).

El autor es el Obispo de la Vega e historiador.

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