miércoles, 20 de junio de 2012

Yo Soy el Buen Pastor Explicación


 Explicación de la auto-definición de Jesús como Buen pastor
Juan 10: 11 - 18

11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»
Tomaremos en cuenta que para la época la figura del pastor era bastante relevante, era una de las formas de producción más comunes para el sustento de las familias de aquella época.
Gracias a la comparación de Jesús, podemos imaginarnos uno de esos corrales en que se juntan los rebaños de varios pastores bajo la vigilancia de un cuidador para pasar la noche. Al amanecer cada pastor llama a sus ovejas y parte al frente de ellas y estas al reconocer su voz le siguen sin confusión alguna.
La Biblia anunciaba el día en que Dios, el Pastor, vendría a reunir las ovejas dispersas de su pueblo para que vivieran seguras en su tierra. Jesús es el Pastor y ha venido para cumplir lo anunciado; pero no lo hará en la forma esperada.
Los judíos pensaban que el Pastor les devolvería su antigua prosperidad y serian una nación privilegiada en medio de las demás naciones.
Jesús, en cambio, dice claramente que su pueblo no se confunde con la nación Judía. Suyos son los que creen y solamente ellos. Va a sacar a sus ovejas de otros corrales, es decir, de otras naciones (16) fuera de la judía.
Entonces las encabezará a todas. No pretende juntarlas en un nuevo corral, es decir, en una sociedad semejante a las de este mundo, sino que guiara a este mundo sin fronteras hacia donde él sabe. El único rebaño, o sea, la única Iglesia, camina a lo largo de la historia y no identifica su destino con el de ningún pueblo o civilización, como tampoco se encierra en sus propias instituciones.
Los pastores del pueblo judío pensaban lograr la unidad favoreciendo el orgullo nacional, los privilegios de las cartas más concientizadas, el rencor contra los extranjeros. Jesús en cambio, reúne a su pueblo con la sola atracción de su persona: es suyo quien da crédito a su palabra y reconoce su voz.
Los hombres suelen agruparse entorno a grandes figuras, sean líderes o santos. Pero la presencia de un pastor se hace más necesaria todavía cuando un pueblo no tiene fronteras, ni armas, ni idiomas, ni leyes que lo defiendan contra el ataque del exterior y las disensiones internas.
Al hablar de pastor, la Biblia designaba, a veces a Dios mismo, único Rey de Israel.
   El contexto de la parábola es éste: Los pastores del tiempo de Jesús dejaban por las noches sus rebaños en un corral común, con un guarda. Era la manera más fácil de protegerlas de los ataques de los lobos o de los ladrones. Al amanecer, antes de salir el sol, cada pastor recogía sus propios animales y los llevaba a pastar. Cada pastor ha visto nacer y crecer a sus propios corderillos y los conoce bien. Incluso tiene un nombre para cada uno. Las ovejas también reconocen el olor y la voz de su dueño y no siguen a otro. Cada pastor entra en el recinto y llama a las ovejas por su nombre. Una vez fuera, las cuenta y, cuando están todas, camina delante de ellas para conducirlas a pastar al campo, haciendo oír su voz para que no se pierdan. A un extraño, sin embargo, no le siguen. Al contrario, tienen miedo de él y huyen de su presencia, porque no están familiarizadas con su voz.
El verdadero pastor se diferencia claramente de un asalariado. Éste último trabaja por dinero y no le importa la suerte de las ovejas. Esto se ve cuando llegan los lobos hambrientos a atacar el rebaño. Mientras que, en este caso, el dueño de las ovejas arriesga su vida por defenderlas a ellas, el mercenario huye, pensando sólo en salvarse a sí mismo. El buen pastor conoce a sus ovejas y es capaz de distinguir las suyas de las demás, conoce las necesidades concretas de cada una, sufre con ellas las inclemencias del tiempo y el cansancio de los desplazamientos, vela por su rebaño, lo protege de los enemigos que lo amenazan, cura a las ovejas enfermas, alimenta con solicitud a las preñadas, dedica una atención especial a las más débiles.
Jesús es el verdadero Pastor bueno y generoso que conoce nuestros nombres, nuestras características personales, nuestra historia y que nos ama con un cariño único e irrepetible.
Él viene a buscarnos para sacarnos del redil donde estábamos encerrados (la esclavitud del pecado y de la ley) y conducirnos a la libertad de los hijos de Dios.
Nos habla, educándonos con sus enseñanzas. Quienes le escuchan saben que sólo Él tiene palabras de vida eterna (Juan 6, 68). Nos alimenta con su propio Cuerpo y su propia Sangre (Juan 6, 55). Nos regala el agua del Espíritu Santo, la única que puede saciar nuestra sed (Juan 4, 14). Nos conduce a la Verdad y la Vida (Juan 14, 6).
Nos ha amado hasta el extremo (Juan 13, 1), manifestándonos lo ilimitado de su amor al dar la vida por nosotros (Juan 15, 13). La verdadera felicidad consiste en acogerle y seguirle, porque nadie va al Padre, sino por él.
«"Yo soy el Buen Pastor que conozco a mis ovejas", es decir, que las amo, "y las mías me conocen". Habla, pues, como si quisiera dar a entender a las claras: "Los que me aman vienen tras de mí".
Pues el que no ama la verdad es que no la ha conocido todavía... "Quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos". O sea, tendrá acceso a la fe, y pasará luego de la fe a la visión, de la credulidad a la contemplación, y encontrará pastos en el eterno descanso.
Sus ovejas encuentran pastos, porque quien quiera que siga al Señor con corazón sencillo se nutrirá con un alimento de eterno verdor. ¿Cuáles son, en efecto, los pastos de estas ovejas, sino los gozos eternos de un paraíso inmarchitable? Los pastos de los creyentes son la visión del rostro de Dios, con cuya plena contemplación la mente se sacia eternamente».
Recuerdo de manera muy noble y especial que en mi campo donde crecí (Jinamagao, Guatapanal Mao. Valverde) mi papa tenía ovejas para la crianza y como tarea de labores en la casa me tocaba pastorearlas por las tardes, pues en la mañana iba a la escuela, recuerdo como aquellas 300 o más ovejas  obedientemente seguían la voz que con gran tonalidad les pronunciaba, además no iba solo ya que tenía un fiel amigo que me acompañaba en la labor, era Capitán el perro de la casa.
Las ovejas temen a los perros, bastante y en el lugar que las pastoreaba era una finca que estaba bien alambrada y solo tenía una salida, lo que hacía era que me paraba próximo a la puerta en una sombrita y las ovejas hasta que yo no le indicara no salían ni se movían de aquel entorno, nunca pensé en las ovejas como lo hago ahora solo al leer este texto es cuando he pensado en esto, me sorprende ahora al analizarlo como el Señor tenia fuertes razones para haberlas pronunciado.
Hoy me pregunto: ¿A que le tememos nosotros? Las ovejas de las que habla Jesús le temían a los lobos y a los osos, que eran los peligros de aquella zona, en la nuestras que no tenemos osos o lobos están presentes los perros, la amenaza que cito en mi breve historia.
Hay tantos males hoy día que amenazan el rebaño del Señor, drogas, alcohol, sincretismo, anti valores, ateísmo, delincuencia, secularismo etc. Pero no olvidemos que por encima de todo esto tenemos la protección de Jesús Buen Pastor, que nos cuida y nos protege y si fuera necesario daría su vida nuevamente por cada uno de nosotros porque su amor no es limitado, sino que su amor llega hasta los confines de la tierra y Dios Padre nos dio a su Hijo como Pastor de las ovejas que somos cada uno de nosotros.

 Por Humberto Fernàndez
humbertofernandez25@gmail.com

1 comentario:

Marizol dijo...

Hermosa reflexion, ojala y cada dia podamos internalizar estas grandes verdades: que Dios nos conoce a cada uno de nosotros de manera PARTICULAR Y PERSONAL y aquellos que le amamos reconocemos en el a nuestro unico salvador y protector, bendiciones y gracias por compartir tan hermoso pasaje expuesto de manera tan locuaz.